Rémora 7

 23 de agosto 

Las desavenencias familiares.

Los desencuentros.

La vida no fluye sin contratiempos.

Decir que no tiene precio. No decirlo, más.

Aguanté hasta que enterré a mi padre.

No quise que mis padres sufrieran esas tensiones en los últimos años de sus vidas.

Sufrí las consecuencias.

No dejaba claro los límites.

Por ellos.

Entre su concepción de la vida y la mía había una brecha insalvable.

Jugué bazas bajas y perdí las partidas, sacrificándome por no distorsionar su paz.

No sé si fue acertado. Fue mi respuesta.

Emocionalmente, el dolor de ellos se me hacía insoportable.

Luché de joven. No conseguí torcer sus creencias sobre mi lugar en el mundo, y abandoné la lucha ocultando mi verdadera imagen ante ellos, siguiendo la continuidad del papel que se me suponía.

Mi duelo no sólo movió su pérdida, inevitable. También fue por mí. Por el exilio necesario para recuperar los restos de mi naufrágio.

Vivo momentos serenos y traumas abiertos sin control.

Me separo para que no me hagan más daño.

Tejo mis miedos y los guardo en estancias oscuras.

No puedo evitar querer a aquel que un día fue compañero de juegos, pero su universo y el mío entran en conflicto.

Desconfío. 

Veo un juego continuado que anula mi esencia.

Mantengo distancia para evitarlo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Temores